Diez monstruos de Frankenstein [¬R]

Vuelve Caosenleche

Diez monstruos de Frankenstein caminaban con parsimonia por el andén de una estación. Con billete a Rusia, saliendo de Holanda, ninguno de ellos estaba satisfecho con la vida llevada hasta entonces. Demasiados tornillos perdidos, muchos corazones rotos.

Diez monstruos de Frankenstein llegaron a Rusia: seguían siendo extraños en tierra cotidiana. Paseaban al atardecer como lord Wemble, Shatteron o Skullik o cualquiera de aquellos señores elegantes que maniobraban los tobillos al pasear por los campos verdes de Rusia a Inglaterra en el S. XIX. Sus andares eran perfectos, ninguna envidia habían de tener al puro ser humano. Sus manos eran rudas pero amables, su mirada, aunque tierna, tenía los ojos avizor cada cual por su lado.

Nueve monstruos de Frankenstein quedaron al año, uno de ellos se había deshecho bajo la lluvia: ay de nuestro doctor, que se había pasado en los últimos tiempos al cartón corrugado.

Nueve fueron diez de nuevo, uno con descendencia, el de mirada más dura pero manos de seda. Y sus amigos admiraron a los padres y cuidaron al niño, sin tornillos pero con un toque de parches.

Diez fueron veinte, veinte fueron treinta. Rusia y Holanda, después todo el espacio Schengen. Fueron de veinte a mil, y al fin ninguno de ellos caminaba como extraño en tierra cotidiana: eran unos más entre millones del mundo, y paseaban con seguridad a zancadas traídas de hacía dos siglos al siglo veintiuno.

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