La fuerza del cariño

Se acerca. Oigo sus pasos aproximándose. No…no quiero que me encuentre.

Por favor, Oscuridad, ayúdame. Trágame entre tus sombras. Hazme invisible a su vista. No dejes que me coja.

Sus pasos se paran delante de la puerta. Puedo oír como el sonido de su pesada respiración corta el silencio. Por favorno. No quiero que no me encuentre. Rezo en silencio para que se dé la vuelta, a que dé marcha atrás sobre sus pasos.

A través de la rendija de la puerta veo la luz de fuera atenuándose, avisándome de la mano gruesa que se aproxima a coger el pomo. A girarlo y descubrir dónde estoy escondida.

Intento acurrucarme en una esquina, alejándome lo más que puedo de la puerta. Tratando de empequeñecer mi cuerpo. Y rezo porque no me vea entre la ropa y los utensilios que hay tirados por el suelo.

Suerte. Sólo puedo confiar en tener suerte.

Ojalá esta vez se apiade de mí, sólo por este día.

Noto cómo una lágrima se escapa y cae a mi camisón. Hacía tiempo que no me pasaba. Hacía tiempo que no dejaba que esto me afectase tanto.

Se abre la puerta con fuerza, y el olor a alcohol, sudor y ropa rancia inunda el pequeño armario donde me encuentro escondida.

Por favor, que no me vea. Cierro los ojos y empiezo a rezar por ello, mientras Rezo con los ojos cerrados mientras aprieto fuerte mis puños contra mi pecho. Rezo en silencio, cerrando los ojos, y abrazándome con fuerza.

Mi cuerpo empieza a temblar al notar cómo mi respiración se acelera, tomando el mismo ritmo que la de aquel que ya ha conseguido entrar en mi escondite.

No…por favor, que sea una pesadilla. Despierta, despierta.

Una mano me agarra con fuerza y tira de mí. Lo hace con tanta fuerza que sé que mañana tendré moratones. Caigo al suelo y no puedo evitar que un sollozo se escape de mis labios mientras me acurruco. Mientras espero a que mis pesadillas se vuelvan realidad. Otra vez.

Noto como aquel olor fuerte, que tan bien he aprendido a reconocer, se acerca y me rodea. Me imbuye. Me traga. Odio ese olor, y sé que me va a acompañar toda mi vida. Formará parte de mí para siempre, persiguiéndome, y obligándome a recordar. Está grabado a fuego en mi memoria.

El terror más puro se apodera de mí, toma el control.

Lo último que escucho antes de caer en la oscuridad es el sonido del cinturón acercándose y una voz en mi oído que me susurra qué día es hoy. El día que hace que mi pesadilla se cumpla. Siempre recordaré sus palabras:

«Feliz cumpleaños, hija.»

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