Siemprenuevos, Eirerain, te recibimos

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Sentados en la noche, con la luna sobre los pies, leemos algo. Nos deleita.

…FragmentodecaosFragmentodecaos///Lo que leemos son historias que encajan en la caja, cariño. Qué lindo. [Bzzzt, clang. Recomponiendo situación temporal. Regresando del pasado.]
Seriedad.///fragmentodecaoSfragmentodecaoS…

Lo que leemos son historias que renuevan el caos y lo traen a la actualidad. El caos bello se reforma y pierde los papeles otra vez.
Las palabras de los cuentos que recoge de su mente nuestra autora recién llegada son salpicones de caos en la leche primordial.

Eirerain ha llegado.

La recibimos nosotros, que también somos cada vez ‘la recién llegada’: la aparición de la nueva historia, la de la nueva palabra y la nueva bancada de pensamientos. Siempre estamos en la casilla del principio, donde se crean las reglas del juego.
Por eso Eirerain no es una, sola y aislada, destacada contra el fondo compuesto por nosotros. Es una más entre la escritura, en el diseño posible de los juegos con palabras, del contenido, la alegría y la fantasmagoría.

En su estilo está el arrastre de los sentimientos a lo largo de las líneas; cuerpos de los que comienza a tirar con las palabras de inicio de sus relatos y que avanzan a trompicones hasta el final. Los saltos que hay en su narrativa no son fallos, son representaciones de las fracturas que se suceden en los sentimientos arrastrados en las historias.
Eirerain tiene una forma de escribir que clava su personalidad en las palabras; a fuego.

Entre las letras y los argumentos se cruza la imaginación, y aquí se asoma la gota de caos que merece su presencia en Caosenleche: hay tanto imaginado y por imaginar en ella que las palabras salen despedidas, a veces imprecisas, a veces nuevas y nunca antes leídas, e impactan contra una línea continua de historias que nunca acaban por sí mismas.
Sus temas no pueden estar cerrados, porque su imaginación no lo está.
Y ahí es donde se remueve el caldero de sus posibilidades: en todo lo que puede dar de sí cuando se pone a escribir desde lo que imagina.
Por el momento disfrutaremos de lo que ya ha sacado fuera, y poco a poco irá enseñándonos lo que lleva dentro.

Sigamos

Con los pies al cielo, y las plumas al vuelo,

¡escribamos!

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