El mundo fósil y la juventud sin futuro [another void in Ratonus]

Lo actual que estamos viviendo y vamos a vivir varias generaciones de personas es algo inactual en dos sentidos.

Como quien dice, damos nuestros primeros pasos en esa esfera del mundo que es ‘lo adulto’,esa serie de interrelaciones y sistemas sobre los que está, o debería estar, sustentado el mundo. Precisamente en aquel adjetivo, «inactual», y sobre la distinción entre el estar y deber estar es en los que se juega el desarrollo generacional del que hablo.

La esfera de ‘lo adulto’, concebida del modo que se quiera creer que se concibió, y siendo mi opción pensar que se ha constituido histórica y socialmente, es el modo compartido de actuación en que los individuos, en colaboración, sostienen sobre sus actos el desarrollo de las actividades del mundo. Estas actividades del mundo son las encaminadas al progreso, o al menos el mantenimiento, de las condiciones sostenibles de lo que los colectivos de individuos consideran importante mantener. Aquí es donde se introduce ‘lo que debe ser’. Lo que debe ser mantenido, lo que debe ser cuidado, lo que debe ser cumplido para que aquello en primer punto importante sea conservado. Poniendo en ese primer lugar el mundo, y pudiendo rellenar la palabra mundo de muchos modos, lo cierto es que ese relleno debe ser en cada instante preciso del paso de las vidas (en un rango de ‘instante’ temporal en el que quepa que la actuación y capacidad humana se desarrolle y tenga lugar) lo ‘actual’, por ser lo que se da en el presente, en el momento en que se está viviendo. Y bien, ¿qué es lo actual ahora? hoy más que nunca lo actual para la palabra mundo es (en muchas jergas establecido con una relación de identidad entre mundo y esta otra palabra) la Tierra. El cuidado que habría que tener sobre ella, sobre su mantenimiento, es una prioridad. Habría que ponerlo en primer lugar, ya que el propio proceso de desarrollo humano sobre el planeta ha conseguido que seamos capaces de dominar ciertos métodos tanto para cuidar el planeta como para devastarlo. Ese, por tanto, es un primer plano sobre el que ‘debería estar’ el sistema de lo adulto. Ahora bien, el sistema de lo adulto, del humano desarrollado y en plenas facultades y desempeño de sus potencias en relación con los demás, ahora mismo esta recorrido, en redes más largas y ubicuas que los ríos del planeta, de un primer sentido de lo inactual: es pura anacronía de planteamientos y propósitos. Sus prioridades no son realmente puntos ‘necesarios’. La actualidad hoy día no es en presente, no es una actualidad de ‘lo que se presenta’ ante nosotros, como puede ser ese mundo equiparado a la Tierra.

En un segundo sentido, con esta inactualidad actual, aunque suena a aporía y sin duda es un juego de palabras de los que tanto nos gustan a algunas personas, me refiero a que el mundo de lo adulto, tanto el que está siendo como el que está a punto de ser, por el llamado cambio generacional, está en crisis. Las crisis, momentos de descentralización de ideas, duda y algo de caos en el mundo, en los sistemas humanos, no son algo aislado y original como concepto. Han sucedido a lo largo de la Historia, ese instrumento narrativo-temporal que usamos para hacer una memoria colectiva. Conocemos que ha habido crisis mundiales en varias ocasiones. Por ello cabe hablar en algún aspecto de eso actual inactual que estamos viviendo. Este es el segundo sentido de inactual.

Pero si bien «crisis» no es original como concepto, toda crisis tiene rasgos entrelazados que la hacen particular y original por si misma ante las otras.

Esta crisis es una gran crisis de juventud y futuro. El problema real es que el futuro no se deja ser planteado en el esquema en que nos estamos moviendo. Las dificultades por las que pasa la existencia y planteamiento de ilusiones y propósitos de los jóvenes con cualquier vocación hoy día no es un problema interno a la propia juventud, que sea para sí misma y se agote en ella. No solo es que seamos unas generaciones de juventud sin futuro, desde luego. El eje es que la juventud es futuro, y de ahí el temor que producen los lemas y carteles de «juventud sin futuro», al menos a quien sabe echarle una mínima ojeada al mundo y sus posibilidades en su totalidad. La parte realmente importante de aquel lema no es la de «juventud», sino la de «futuro». Pero una lleva a la otra. Son dos conceptos que no equivalen pero muchas veces podrían fusionarse.

Ante un descontrol del mundo adulto que ahora está en los lugares de poder, se ha petrificado el desarrollo y el planteamiento de salidas originales por parte de ese mundo adulto. Pero no es tan solo eso, sino que desde esa misma esfera adulta se ha puesto un tapón a los de abajo, es decir, al repuesto/cambio generacional. Eso último es tanto origen de problemas como una negación de posibilidades de resolverlos.

Los jóvenes no son propuestos ni se les deja proponer por sí mismos y ese es el principal problema. Las instituciones que permitirían el cambio o novedad se han vuelto cámaras estancas donde las nuevas propuestas caen en saco lleno. Un saco que si ya está lleno es de otras cosas que no son ideas emprendedoras u originales que puedan hacer avanzar o cambiar algo, sino pura usura de piedra, una guillotina para todo aquel que pretenda entrar en él. Una guillotina que corta ilusiones y las obliga a reconvertirse, en un ciclo sin fin, al mandato del heraldo de ese sistema rígido y desconsolador para el futuro del mundo. Ese heraldo es el dinero, que a lo largo de su historia, como elemento de cambio y herramienta de convivencia para intercambio de bienes humanos, producidos o directos, ha ido mutando de distintas maneras, bajo distintos sistemas políticos. En lo actual todo individuo es una espiral en la que debe caer al menos una parte de ese centro que es el dinero si quiere tener posibilidad de ser una persona. El dinero se mueve desde y por el poder, también para el poder. Lo más cercano a este centro y que, en cualquier caso, queda reconvertido en él, son los combustibles fósiles. En una relación de proporcionalidad inversa, el aumento del uso e intercambio/extracción de estos es lo que hace que el planeta vaya cada vez más de capa caída. Esto corresponde a un planteamiento que, en ‘lo adulto’, es un modo de inmadurez. Lo que se tiene en cuenta es el desarrollo de lo humano sin tomar atención en que lo básico para eso ‘humano’ es que haya como primera cosa un lugar donde vivir. Debido a esta inmadurez, poco a poco va desabasteciéndose el planeta de recursos y ‘salud’, si es que se puede hablar de salud como si el planeta Tierra fuese un ser vivo (siendo siempre esto una metáfora, por supuesto). Atravesando este primer momento de inmadurez y forzada ignorancia para la satisfacción de unos pocos, llegamos a otra metáfora casi materializada. Al modo en que los recursos de los que hablo son fósiles, el sistema que ignora la ‘salud’ del mundo es también un sistema fósil, duro, primitivo, detenido y desconsiderado. Muerto, pero con un mecanismo que lo hace seguir corriendo, una correa indestructible que mueve las ruedas de sus grandes ejes.

El sistema fósil que gobierna ahora el mundo desde ‘lo adulto’ e impide el traspaso generacional, anegando en fango ilusiones y posibilidades no solo para la humanidad sino para el planeta, pudiendo llamarlo capitalismo o bien neoliberalismo extremo (son quizás no las caras de una misma moneda, sino los distintos brillos y tintineos del metal, siendo lo esencial que sí, que ambos son moneda. Dinero y primacía de este), promociona solo a unos pocos de millones de jóvenes que hay. Y el paso de estos jóvenes a esa esfera de lo adulto no es por el camino de la novedad y la originalidad, sino que ha de ser agachando la cabeza ante un rígido ‘debe estar’, un ‘debe permanecer’ el primado de ‘lo adulto’ tal como esta constituido, sin ápice alguno de cambio.

El traspaso generacional actualmente no es tal, sino solo una transformación/transmutación de los jóvenes en viejos. Las carreras universitarias mas atractivas para el desarrollo intelectual son las más malogradas en el sistema actual.Y si bien esas, las humanidades, están caídas en el puro barro y se les impide salir, las carreras con utilidad instrumental, como las ingenierías, o la medicina y demás desempeños prácticos verdaderamente útiles en el plano constructivo, están reducidas solo a ese plano, el del instrumentalismo puro, el de hacer de esos universitarios herramientas que cumplan el orden establecido. No pueden dar frutos novedosos en la investigación, por ejemplo, de energías, materiales, nuevas técnicas médicas si la idea/ocurrencia de que eso ‘debe ser’ así no ha venido antes desde la boca/papel oficial de un cargo del mundo ‘adulto’ fosilizado.

En casi todas las regiones establecidas como países del mundo esto está siendo así en la base de sus instituciones y desarrollos políticos, aunque en unos más que en otros, y siempre quedan algunos que resisten. Pero sin duda, la corriente masiva es ésta, y es difícil escapar de ella.

La digresión sobre esta corriente y su forma de desarrollarse es muy teórica e intenta exponer algo que queda en el plano abstracto, quizás alejado de lo que el individuo de a pie vive en el día a día. Pero para avanzar hasta ese individuo, nada mejor que la experiencia personal en el pensamiento diario, en las relaciones humanas del individuo y sus sentimientos, algo que se olvida también en este sistema, privilegiando ante todo ese desempeño abstracto-teórico con trasfondo de utilidad.

En el día a día, en las ilusiones que uno se hace, en los sueños que tiene, entran muchas cosas. También cambios, cosas difusas e inexactas que, por mucho estudio psicológico que se lleve a cabo, sería imposible definir. Pero precisamente en ese ámbito de lo psicológico podríamos decir que a cada uno de nosotros, piezas del relevo generacional, jóvenes sin futuro, se nos está integrando en una dinámica que hace casi imposible escapar de la neurosis. Una neurosis marcada por la rigidez de objetivos, por la imposibilidad de la espontaneidad y la negativa al juego. Todo ‘ha de ser’ seriedad y tristeza en el fondo. Porque si bien las opciones de ocio en la sociedad están en auge, el tiempo para disfrutar de ellas si se quiere llegar a una ‘transformación en adulto’ (nos hacen ser unos capullos) es mínimo. Tampoco es que las opciones de ocio sean precisamente algo que ayude a desarrollar la capacidad de improvisación y originalidad, pues más bien el ‘gran medio’, las grandes compañías de ocio lo que ofrecen son modos de integrarse en ese fósil de actualidad primitiva que es el mundo adulto, matando por el camino la genialidad que conllevan las ideas originales (y es aquí hacia donde debería encaminarse el planteamiento mediocridad/genialidad, en el punto en que toda persona es genial y mediocre al mismo tiempo, pues nadie es un destacado mandatario de Dios, ya que aquel Ideal con tres santísimas personas es tan solo eso, un ideal, una construcción. Bueno y útil en cierto modo, pero siempre que se tome de manera mesurada. Ni un dios ni el jefe de una empresa son algo que deba determinar la consideración que de nosotros mismos tenemos para considerarnos mediocres, geniales o cualquier otra definición rígida. Todos somos ambas y muchas definiciones por nuestras múltiples ideas.)

Los sentimientos de impotencia y de irrealidad que muchas veces se presentan al transcurrir un día hacen pensar que ni siquiera las líneas de tiempo ni nuestra medida de ellas están hechas ya para estas nuevas generaciones que somos. El tiempo de un día puede ser muy extenso o muy corto, en la sensación subjetiva generalizada, en cada individuo aislado. Convivimos como relojes desfasados entre sí, puestos en hora por nuestros objetivos individuales. ‘Desde arriba’ no dejan que se desarrolle una medida de la temporalidad intersubjetiva y tranquila, en la que podamos hacer proyectos compartidos decididos por unos cuantos individuos, sino que es una visión excitada,nerviosa, de visiones de futuro que al instante siguiente son, por la ‘tendencia al objetivo’, derrumbadas. Las maneras de conseguir nuestros objetivos no están abiertas a elección, están dictaminadas desde ‘lo adulto’, tanto en sus tiempos como en sus métodos.

Aquellos jóvenes que están dispuestos a ser máquinas sin ideas propias que serán transformados en ‘adultos de bien’ no tienen ninguna oposición a este estado de cosas. Pero esos jóvenes suelen ser los de familias de la élite, adineradas, a los que las crisis les afectan en la medida en que sus tímpanos se resienten por el volumen de los telediarios que ponen en la televisión y no más (y en ese caso, siempre tienen el poder de coger el mando, bajar el volumen e irse a tomar un daiquiri a la orilla de su piscina-playa privada).

Volviendo hacia lo contante y lo sonante, el dinero en el sistema actual es la medida de todas las cosas. Has de sentir y pensar a través del dinero y las posibilidades que te da este.

Un ejemplo: tú no quieres morirte de hambre. Es más, quieres tener un futuro en el que puedas disfrutar de la vida, no de manera egoísta, sino pudiendo implicarte con los demás, pero sin ser una orden religiosa de la caridad. Conseguir Estados de personas en igualdad de posibilidades y bienes. Para conseguir esto, tal como están las cosas, has de trabajar sin vivir, estudiar sin vivir, sobre todo mostrar tu validez ante los ‘jueces mayores’, que hoy día son las empresas. Al fin, sí, convertirte en ese egoísta que precisamente no querías ser. Y todo esto está regido por el dinero, ese instrumento de cambio que posees y te posee. Para conseguir esa doble posesión has de entregarte al ‘deber ser’ (que es ‘deber estar’ en el fósil actual).

Eres alguien ‘brillante’ (según los cánones que definen lo que es ‘ser brillante’ en la utilidad para la sociedad) o no, simplemente, eres alguien. Con más o menos posibilidades de cambiar el mundo. Quieres hacer algo en el futuro, pero también tienes sentimientos. Quieres a alguien. Quizás, podría decirse, hasta le amas. En la gran mayoría de los casos actuales, con la rigidez con la que han de desarrollarse las vidas de estas carcasas de transformación a adultos en que nos van convirtiendo en la juventud, es incompatible ese futuro para el mundo con ese futuro para ti y tus sentimientos y relaciones humanas. Has de ser alguien que se adapte como un guante a cada situación, y poder estar cambiando de amigos/pareja a cada momento (de familia legal no porque es una ‘institución’ básica para el correcto funcionamiento del sistema de consumismo). Quizás no hay una ley que lo exija así, pero es algo que se impone desde cada esquina, cada página, cada paso, cada bocanada de aire.

Ahora más que nunca, los futuros profesionales en el mundo adulto de los fósiles determinan tu vida y tus sentimientos, el ‘debe ser’ institucional, estático y encostrado, mal adaptado a la actualidad, ha pasado absolutamente a los sujetos para convertirlos en máquinas de picar piedra o teclear ordenadores.

Si amas a alguien, pero has de marcharte a la otra punta del mundo y cortar lazos con esa persona y con muchas otras, puedes plantearte no hacerlo, pero seguramente tu vida, como individuo congelado en esta cámara frigorífica de carcasas adulto-generacionales, no valga para nada y sea desechada. Podrás estar con quien quieres, pero no podrás ‘vivir’. Y sin vida no hay amor, tampoco hay futuro, ni mundo ni planeta. Ahora bien, la pregunta es: ¿acaso aceptando este modo de proceder sí hay planeta, mundo, futuro? Como decía al principio de otro modo, creo que no. En el momento en que a la juventud, con sus novedades, se le obliga a aplacar hasta la muerte sus expectativas, sus ilusiones, su amor y sus sueños(y ninguna de estas categorías es independiente de las otras) todo el futuro se viene abajo.

Y a pesar de ser una actualidad inactual, esta crisis mundial de las juventudes debe ser pensada en presente para encontrar soluciones si realmente no se quiere vivir sobre el fósil de Moby Dick, teniendo el emblema de la gran ballena cazada del capitalismo como única Verdad por los tiempos de los tiempos hasta que llegue el fin de estos.

Dedicado a Ali dBM, porque me vuelven loco los bigotes en escotes. También ‘porque sí’. Y por muchas otras cosas desde que te conozco. Y a pesar de que ya no te conozca.

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