De las marcianas aquí no se sabe nada, no se sabe nada -inciso en honor de Ray Bradbury-

Hace tiempo, si sé cuanto, si fue poco: segundos, horas, o si fue mucho: días, años, no quiero recordarlo, supe de la muerte de un hombre que merece el trato más cuidadoso por parte del propio tiempo del mundo y las palabras.

Hay que otorgarle a ese hombre el trato tranquilo de un tiempo discreto, educado entre personas elegantes que se interesan por las cosas con respeto, con cuidadosas y efímeras miradas que expresan tremenda fuerza en su pose fugaz.
A la vez, que el modo indiscreto del tiempo en sí mismo, su continuidad y resbalar, le hiciesen una capa para envolver lo que es, fue y será. Una capa de papel y líneas de tiempo continuo, difuso, borroso pero temporal.

En ese tipo de trato, no otro, cabe Ray Bradbury.

De las tiras de papel de esa capa recién hecha de tiempo continuo, como si de trozos de piel de su hombre ilustrado se tratase, arranquemos unas cuantas láminas.

En ellas se inscriben las narraciones que extendidas por los años han creado estirpe de narradores de tinta fuerte que sale rápida, escritores posteriores al nacimiento de Ray Bradbury que llegaron y llegarán, inspirados por la literatura que él hizo con un estilo fino, de apariencia gruesa, entremetido de una sutileza sensible hilvanada a través de trazos anchos, fácilmente comprensible. En fin, camuflada por el lenguaje cotidiano, el de los hechos del mundo, la claridad, en su caso precisa, de la expresión mediante el lenguaje popular.

Por lo que el mundo y su desarrollo es y ha sido, esa escritura merece guardarse en una estantería de honor junto a obras que con calibre mucho más oscuro y precisamente complejo muchas veces no llegan a expresar lo que aquella dice con simplicidad, lo que hace sentir y el tono con que hace mirar los sucesos y posibilidades de la vida una vez se levanta la vista de esos textos. Quizás para muchos literatura ligera, pero para muchos otros literatura que por sí sola levanta el vuelo.

Mundialmente conocido, por unas obras más que por otras, por la que más: ‘Farenheit 451’, Bradbury consiguió y consigue abrazar la estrechez de miras que pueda tener el lector y a tirones de imaginación expandirla. Como si tuviese un ovillo de lana muy comprimido y mediante las agujas de sus palabras tejiese una superficie infinita y suave con que cubrir la imaginación del lector con la suya propia para que aquel que lee sus obras jamás se olvide de la necesidad de la imaginación.
De la imaginación y desde ella, de la fantasía, pero en especial de la imaginación aplicada al mundo cierto de cada día, donde según el carácter de cada uno las cosas pueden llevarse hacia lo tibio o hacia lo oscuro, hacia lo claro o a un precipicio.

Apelando al carácter y sin haber conocido ni haber oído hablar personalmente a Ray Bradbury nunca en ningún acto ni conferencia, cabe decir que si el suyo era el tal carácter que refleja el tono de sus obras, en el mundo se echan en falta caracteres así.

De principios fuertes y mínimos que transigen con diferencias, buscan la variedad y aprecian a la vez que usan la sensibilidad. La sensibilidad como cuidado, como sutileza del cariño hacia todo lo que sucede, como desazón ante lo horrible a suceder o sucedido, como orgullo ante el progreso y la construcción de un mundo mejor.

Un mundo con la sensibilidad de la descripción de aquella ‘cotidiana’ escena marciana:

«Cansada de esperar, avanzó entre las columnas neblinosas. Una lluvia suave brotaba de los acanalados capiteles, refrescando el aire abrasador, cayendo suavemente sobre ella. En estos días calurosos, pasear entre las columnas era como pasear por un arroyo. Unos frescos hilos de agua brillaban sobre los pisos de la casa. A lo lejos oía a su marido que tocaba el libro una y otra vez, sin que los dedos se le cansaran jamás de las antiguas canciones. Y deseó en silencio que él volviera a dedicar mucho tiempo a abrazarla y a tocarla como a un arpa pequeña, como tocaba ahora esos increíbles libros.»

Y para Ray Bradbury y junto a él, para todos los que han luchado con unos principios por un progreso del mundo y trabajado por él hasta su propia muerte no hay mejor dedicatoria que una cita de Farenheit 451:

“And someday we’ll remember so much that we’ll build the biggest goddamn steamshovel in history and dig the biggest grave of all time and shove war in and cover it up.
Come on now, we’re going to build a mirror factory first and put out nothing but mirrors for the next year and take a long look in them.”

Que la pasión por construir buenas historias, cultura y civilización nunca arda.

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