Introducción de una nueva col devoradora de auroras boreales (también llamada colaboradora).

Y, sin previo aviso, sin humedades premonitorias ni alertas en forma de salpicadura, de la aridez polvorienta y caótica del colacao emergió un manantial lácteo en el que peces potencialmente pescables se lanzaban a picar improvisados anzuelos fabricados a base de bolis bic, pilots, estilográficas y procesadores de texto. He aquí el origen incomprobable de esta piscifactoría que se dedica al cuidado y cultivo de una especie en peligro de extinción: las poesías empecinadas, que respiran hasta ahogarse el aire subacuático (cuyo componente principal son las metáforas oxigenadas) a través de sus poderosas branquias, situadas en sus comas, puntos y seguidos, puntos y a partes, espacios interlineales, espacios interpalabrísticos, espacios interletrados, espacios interpuntosqueacumuladosconformanlaslíneasque-dibujanlastachadurassimbólicasquesonloscaracteresalfanuméricos. Esta piscifactoría ha irrumpido en, a la vez que ha interrumpido la, lactosa trayectoria de las ratas fabulosas y las fábulas arratonadas, con la clara y distinta intención de producir escurridizos textos cubiertos de escamas oceánicas (todas ellas recién importadas de los arrecifes de coral que marcan con su perfil y desdibujan con su sinuosidad una frontera imposible: la que guarda la brisa producida por la vigilia y desata las tempestades oníricas), soportados por estructuras fabricadas con tintas laberínticas (extraídas con sigilo de los calamares que habitan en unas aguas nunca vistas y siempre narradas, las cuales, según dice el mito, poseen el color tembloroso de los pergaminos, el olor de los deshilachados libros cuyos lomos han sido cabalgados por cientos de ojos lectores, y el tacto de todos los dedos que han recorrido alguna vez las páginas de un cuaderno cocinado con las llamas de una vida puesta por escrito), y custodiados por el candado que guarda las historias después de que las hayan devorado gafas y pupilas, las hayan digerido la razón y el neocórtex, y hayan quedado esparcidos sus nutrientes por la entera y vasta extensión de un mar desbordantemente fértil. Un mar en el que crece lo indecible, indefinible, indescifrable, pero sentible. Un mar que se derrama en los ojos que lloran y se riza en las bocas que ríen. Un mar que pone en libertad con su sal a los músculos paralizados por el hielo y contiene con su reflujo a los tendones miedosos que se dan a la fuga. Un mar que se ondula en cada latido vivo y da refugio a los corazones inertes que ya solo laten en la memoria de los latidos vivos. Un mar universal, cuyas aguas son las que van a regar esta piscifactoría legible recién estrenada, que no conoce dueños ni propiedades privadas, así como la libertad no entiende de estanterías, cajones, armarios y demás muebles categorizantes (pues la libertad no ha hojeado jamás, ni ganas tiene de ello, un catálogo del Ikea). Y como no tengo nada más que introducir en esta introducción, solamente puedo aquí y ahora invitaros, invitarnos, a colarnos sin permiso para pescar juntos entre las olas desgobernadas de este mar. El mar del caos en leche. O lo que es lo mismo: el mar de la poesía.

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